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jueves, 5 de mayo de 2016

PERSÉFONE, LA HIJA PERDIDA

Había una vez una diosa llamada Demeter que tenía una hermosa hija llamada Perséfone. La joven tenía grandes ojos verdes y una cabellera de bucles dorados. Vivía con su madre en un departamento del palacio en el monte Olimpo y de vez en cuando bajaba a los prados a recoger flores en compañía de sus amigas.
Un día, el dios de los muertos, Hades, que vivía en el centro de la tierra, rodeado de tinieblas, se enamoró profundamente de Perséfone.
Como Hades era muy astuto no se animó a acercarse sin antes pedir permiso a Zeus, el más importante de todos los dioses del Olimpo. Zeus, no le contestó ni si ni no, pero le guiñó un ojo. Entonces Hades, trazó un plan para cumplir su deseo.
Un día que Perséfone, estaba recogiendo flores tranquilamente con sus amigas, se alejó distraída del grupo para recoger un narciso. En ese momento la tierra se abrió y de allí surgió el dios de los muertos en un carruaje negro. La secuestró y la llevó con él sin dejar ningún rastro.
Las amigas no habían visto como Perséfone se había esfumado sin dejar rastro alguno. Así que nada pudieron decirle a Demeter, la madre, que sufrió por la desaparición de su hija.
Demeter, desesperada comenzó a buscarla. Se disfrazó de anciana y comenzó a recorrer toda Grecia buscando alguna pista sobre su hija. Durante nueve días ni comió ni bebió.
Cuando los reyes de Eleusis la vieron, le ofrecieron quedarse con ellos en el palacio para cuidar de sus hijos.
Un buen día, el hijo mayor de los reyes le dijo:
-Diosa Demeter, tengo malas noticias. Un pastor me contó que vio un carruaje siniestro, guiado por un rey calzando una armadura negra, se llevó a una joven que gritaba muerta de miedo. La tierra se abrió y ambos desaparecieron en sus entrañas. Pienso que podría ser tu hija Perséfone.
Demeter, reconoció a Hades por la descripción del pastor, pensó que Zeus tenía algo que ver en este asunto y decidió vengarse.
Como Demeter era la diosa de la agricultura, recorrió Grecia prohibiendo a los árboles dar fruto, a los pastos crecer y a las semillas germinar. Al poco tiempo el ganado no tenía como alimentarse y comenzó a morir. Si esto continuaba, los hombres pronto morirían también por falta de alimento.
Zeus se asustó y trató de convencerla enviándole riquísimos regalos, joyas y oro, pero Demeter no los aceptó.-No quiero tus regalos. Solo quiero a mi hija Perséfone de vuelta en mi casa.
Zeus, viendo que era imposible convencer a Demeter, llamó a Hermes y lo envió al Tátaro para darle un mensaje al dios Hades.
- Por favor, devuelve a Perséfone o todos estaremos perdidos ya que los humanos están en serio peligro debido a la falta de alimento.
Hades le respondió:
-Solo puedo enviar a Perséfone de vuelta a su casa, mientras no haya probado el alimento de los muertos.
Perséfone estaba tan triste que se había negado a probar bocado desde el día de su secuestro.
Entonces Hades le dijo:
- Hermosa Perséfone, parece que no eres feliz a mi lado. No has probado bocado desde el día en que llegaste. Cada día estás más delgada y si sigues así pronto morirás. Mejor que vuelvas a tu casa.
Pero un jardinero que escuchó la conversación dijo:
-¿Cómo que no ha probado bocado? Yo la vi comer granadas de tu huerto esta mañana.
Hades se sonrió satisfecho. La subió a un carruaje y la llevó junto a su madre, que apenas la vio se abrazó a ella llorando de felicidad.
Pero Hades le dijo:
-Diosa Demeter, tu hija Perséfone ha comido siete granadas de mi huerto, por lo tanto debe regresar al Tártaro conmigo.
Demeter, furiosa respondió:
-Si eso ocurre, jamás levantaré la maldición que pesa sobre la tierra. Todos los hombres y los animales morirán.
Zeus, espantado por la respuesta de Demeter, envió a su esposa Hera a a negociar con los dioses.
Finalmente Demeter aceptó que el príncipe de las tinieblas se case con Perséfone. Su hija debía pasar siete meses al año con Hades, un mes por cada granada que comió y cinco meses junto a Demeter, su madre.
Por esa razón la tierra florece y fructifica en primavera y verano, cuando Perséfone visita a su madre y la tierra está triste y seca en otoño e invierno, cuando Perséfone está junto a Hades.

martes, 26 de abril de 2016

Ulises y las sirenas

 Tras pasar un tiempo en el palacio de Circe, Ulises emprende definitivamente el camino a Ítaca. La diosa, antes de dejarle partir, le adelanta algunas de las aventuras que va a vivir. La primera de ellas será el encuentro con las sirenas.

Entonces dije a mis compañeros con corazón acongojado:

–Amigos, es preciso que todos –y no sólo uno o dos conozcáis las predicciones que me ha hecho Circe, la divina entre las diosas. Así que os las voy a decir para que, después de conocerlas, perezcamos o consigamos escapar evitando la muerte y el destino.

–Antes que nada me ordenó que evitáramos a las divinas Sirenas y su florido prado. Ordenó que sólo yo escuchara su voz; mas atadme con dolorosas ligaduras para que permanezca firme allí, junto al mástil; que sujeten a éste las amarras, y si os suplico o doy órdenes de que me desatéis, apretadme todavía con más cuerdas.
Así es como yo explicaba cada detalle a mis compañeros.
Entretanto la bien fabricada nave llegó velozmente a la isla de las dos Sirenas –pues la impulsaba próspero viento–. Pero enseguida cesó éste y se hizo una bonanza apacible, pues un dios había calmado el oleaje.
Levantáronse mis compañeros para plegar las velas y las pusieron sobre la cóncava nave y, sentándose al remo, blanqueaban el agua con los pulimentados remos.
Entonces yo partí en trocitos, con el agudo bronce, un gran pan de cera y lo apreté con mis pesadas manos. Enseguida se calentó la cera –pues la oprimían mi gran fuerza y el brillo del soberano Helios Hiperiónida– y la unté por orden en los oídos de todos mis compañeros. Éstos, a su vez, me ataron igual de manos que de pies, firme junto al mástil –sujetaron a éste las amarras– y, sentándose, batían el canoso mar con los remos.


Conque, cuando la nave estaba a una distancia en que se oye a un hombre al gritar en nuestra veloz marcha, no se les ocultó a las Sirenas que se acercaba y entonaron su sonoro canto:
–Vamos, famoso Odiseo, gran honra de los aqueos, ven aquí y haz detener tu nave para que puedas oír nuestra voz. Que nadie ha pasado de largo con su negra nave sin escuchar la dulce voz de nuestras bocas, sino que ha regresado después de gozar con ella y saber más cosas. Pues sabemos todo cuanto los argivos y troyanos trajinaron en la vasta Troya por voluntad de los dioses. Sabemos cuanto sucede sobre la tierra fecunda.
Así decían lanzando su hermosa voz. Entonces mi corazón deseó escucharlas y ordené a mis compañeros que me soltaran haciéndoles señas con mis cejas, pero ellos se echaron hacia adelante y remaban, y luego se levantaron Perimedes y Euríloco y me ataron con más cuerdas, apretándome todavía más.
Cuando por fin las habían pasado de largo y ya no se oía más la voz de las Sirenas ni su canto, se quitaron la cera mis fieles compañeros, la que yo había untado en sus oídos, y a mí me soltaron de las amarras. 

Homero: La Odisea (adaptación).
http://irenia.blogia.com/2003/120301-la-odisea-y-las-sirenas.php

miércoles, 13 de abril de 2016

Baucis y Filemón

Zeus y Hermes descendieron desde el monte Olimpo a la tierra para comprobar la hospitalidad de los habitantes de Frigia. Llamaron a mil puertas pidiendo abrigo y descanso pero todas permanecieron cerradas. La única casa que los acogió fue la de Filemón y Baucis, una pareja de pobres ancianos que vivían en una pequeña y humilde choza de las colinas.

El anciano Filemón les invitó a sentarse en un banco de madera sobre el que su esposa había colocado una manta. Baucis removió las brasas de la chimenea para reavivar el fuego, lo alimentó con hojarasca y cortezas secas, y con su débil soplo de anciana hizo renacer de nuevo las llamas. En un pequeño caldero preparó una humilde pero sabrosa comida para sus huéspedes con un repollo, que su esposo había recogido aquella misma tarde del huerto, y una loncha de lomo de cerdo ahumado, que tenían colgado de una viga. Ofrecieron a los viajeros una cubeta de madera de haya con agua tibia para que pudieran descansar y calentarse los pies.

Baucis limpió la mesa con verdes hojas de menta y sirvió aceitunas, verdes y negras, cerezas maceradas en vino, endibias, rábanos, cuajada, huevos y un buen vino. El guiso de repollo estaba exquisito y fue muy alabado por todos los comensales. Los postres consistieron en nueces, higos secos, dátiles, ciruelas, manzanas aromáticas, uvas y un reluciente panal de miel que colocaron en el centro de la mesa. La generosidad y hospitalidad de los dos ancianos les había hecho ofrecer a sus huéspedes todo lo que tenían y, siempre, mostrando un rostro afable y sonriente.

Filemón y Baucis observaron que la jarra de vino, que habían vaciado varias veces, se volvía a llenar sola. Se dieron cuenta que aquellos hombres eran, en realidad, dioses y les imploraron perdón por la escasa comida y la pobreza de su casa. Filemón se levantó a sacrificar el único ganso que tenían para ofrecérselo a los dioses.

Entonces Zeus les dijo:

-Es verdad que somos dioses y vamos a castigar a todos los habitantes de esta comarca por su falta de hospitalidad. ¡Seguidnos hasta la cima del monte!

Cuando llegaron a la cumbre vieron que un enorme lago había sumergido toda la región ahogando a todos los habitantes de Frigia. Lo único que no se había cubierto por las aguas era su humilde choza.

Filemón y Baucis, asombrados por lo que estaban viendo, lloraban por sus vecinos y en aquel momento su vieja y pequeña cabaña se transformó en un hermoso templo.
Zeus les dijo:

-Pedidme lo que queráis.

Filemón habló brevemente con Baucis y expuso este deseo a los dioses:

- Puesto que hemos vivido juntos en esta tierra toda nuestra vida queremos seguir aquí como guardianes y sacerdotes de vuestro templo y también deseamos que la muerte nos lleve a los dos al mismo tiempo para que yo jamás pueda ver la tumba de mi esposa y ella no tenga que enterrarme a mí.

Y así juntos y felices durante muchos años. Cuando les llegó la hora, Zeus cumplió su deseo y los transformó en dos árboles, un tilo y una encina, que desde entonces crecen juntos en la puerta del templo.

Mitología para niños: www.elhuevodechocolate.com

miércoles, 2 de marzo de 2016

ECO Y NARCISO

Eco era una ninfa que habitaba en el bosque junto a otras ninfas amigas y le gustaba cazar por lo que era una de las favoritas de la diosa Artemisa...

Pero Eco tenía un grave defecto: Era muy conversadora y además en cualquier conversación o discusión, siempre quería tener la última palabra.

Cierto día, la diosa Hera salió en busca de su marido Zeus, al que le gustaba divertirse entre las ninfas. Cuando Hera llegó al bosque de las ninfas, Eco, la entretuvo con su conversación mientras las ninfas huían del lugar.

Cuando Hera descubrió su trampa la condenó diciendo:- Por haberme engañado y a partir de este momento, pederás el uso de la lengua. Y ya que te gusta tanto tener la última palabra solo podrás responder con la última palabra que escuches ¡Jamás podrás volver a hablar en primer lugar!


Eco, con su maldición a cuestas se dedicó a la cacería recorriendo montes y bosques. Un día vio a un hermoso joven llamado Narciso y se enamoró perdidamente de él. Deseó fervientemente poder conversar con él, pero tenía la palabra vedada. Entonces comenzó a perseguirlo esperando que Narciso le hablara en algún momento.

En cierto momento, en que Narciso estaba solo en el bosque y escuchó un crujir de ramas a sus espaldas y gritó:

-¿Hay alguien aquí?

Eco respondió: -Aquí.

Como Narciso no vio a nadie volvió a gritar: -Ven.

Y Eco contestó: -Ven.

Como nadie se acercaba, Narciso dijo:- ¿Por qué huyes de mí? Unámonos

La ninfa, loca de amor se lanzó entre sus brazos diciendo:- Unámonos

Narciso dio un salto hacia atrás diciendo:- Aléjate de mi! Prefiero morirme a pertenecerte!

Ante el fuerte rechazo de Narciso, Eco sintió una vergüenza tan grande que llorando se recluyó en las cavernas y en los picos de las montañas. La tristeza consumió su cuerpo hasta pulverizarlo. Solo quedó su voz para responder con la última palabra a cualquiera que le hable y por eso desde entonces cuando hablamos en cavernas y montañas escuchamos como ECO nos responde siempre, pero sólo a nuestra última palabra.......

Narciso no solo rechazó a Eco, sino que su crueldad se manifestó también entre otras ninfas que se enamoraron de él. Una de esas ninfas, que había intentado ganar su amor sin lograrlo le suplicó a la diosa Hera que Narciso sintiera algún día lo que era amar sin ser correspondido y la diosa respondió favorablemente a su súplica.


Escondida en el bosque, había una fuente de agua cristalina. Tan clara y mansa era la fuente que parecía un espejo. Un día Narciso se acercó a beber y al ver su propia imagen reflejada pensó que era un espíritu del agua que habitaba en ese lugar. Quedó extasiado al ver ese rostro perfecto. Los rubios cabellos ondulados, el azul profundo de sus ojos y se enamoró perdidamente de esa imagen.Deseó alejarse, pero la atracción que ejercía sobre él era tan fuerte que no lograba separase, sino que por el contrario deseó besar y abrazar con todas sus fuerzas esa imagen que veía. Se había enamorado de si mismo.

Desesperado, Narciso comenzó a hablarle:- ¿Por qué huyes de mí, hermoso espíritu de las aguas? Si sonrío, sonríes. Si estiro mis brazos hacia ti, tú también los estiras. No comprendo.


Todas las ninfas me aman, pero no quieres acercarte.- Mientras hablaba una lágrima cayó de sus ojos. La imagen reflejada se nubló y Narciso suplicó: -Te ruego que te quedes junto a mí. Ya que me resulta imposible tocarte, deja que te contemple.

Narciso continuó prendado de si mismo, ni comía, ni bebía por no apartarse de la imagen que lo enamoraba hasta que terminó consumiéndose y murió.
Las ninfas quisieron darle sepultura, pero no encontraron el cuerpo en ninguna parte. En su lugar apareció una flor hermosa de hojas blancas que para conservar su recuerdo lleva el nombre de Narciso.

John William Waterhouse, 1903